LA MUERTE Y EL MÁS ALLA EN ROMA 2da PARTE
3) Inhumación e Incineración:
La inhumación es anterior a la incineración y se asocia a las poblaciones sedentarias. La incineración aparecerá en el I Milenio AC. Requería un USTRINUM, que es el lugar donde se debe quemar el cuerpo del muerto. El ROGUS es la pira de madera, que normalmente tiene una forma cuadrangular. Las cenizas se recogían y después se regaban con vino.
Dependiendo de cada familia, se seguía un rito u otro (por ejemplo, la GENS Cornelia tiende a la incineración), aunque el derecho pontifical afirma la primacía de la inhumación.
En caso de que hubiese incineración, al cuerpo se le debía cortar un dedo al que se le tributan honores fúnebres para enterrarlo después. Esto recibe el nombre de OS RESECTUM. También se le debía echar tierra en el rostro antes de que se le quemase (GLEBAM IN OS INSICERE). Con estos dos ritos se cumplía la disposición pontifical de inhumar el cuerpo.
Poco a poco la práctica de la incineración comienza a imponerse hasta acabar formando parte de la tradición romana. Pero en el siglo II hubo una inversión de la tendencia, volviendo a cobrar importancia la inhumación. Ello provoca grandes problemas de espacio porque los cementerios se encontraban saturados. Por ello se empezaron a desarrollar las catacumbas, que son tumbas bajo tierra.
4) Tumba:
Se consideraba un dominio de los MANES, por lo que no es un espacio público. Su función era contribuir a mantener la eternidad del difunto. No puede ser heredada por los hijos ni puede venderse. Tampoco se puede evacuar el cadáver. Incluso la legislación será muy dura con los que tratan indebidamente las sepulturas.
La monumentalidad evoluciona, superando los máximos que se ponen en el derecho pontifical. El Estado tendrá leyes suntuarias que traten de evitar el exceso de lujo. Aparecen los panteones familiares para acoger al mayor número posible de difuntos.
Se prohibía incinerar dentro de la Urbe por miedo a los incendios y porque el suelo que acoge la tumba debe ser especial. No podía ser terreno fértil ya que se reservaba a la agricultura.
Existen los colegios funeratricios puesto que a los pobres se los arrojaba al PUTICULI (fosa común). Pagaban una cuota mensual para poder costearse una tumba y unos funerales.
5) Las creencias sobre el Mas Allá:
· El suicidio: carece de término latino, puesto que los romanos usaban la expresión MORTEM SIBI CONSCISCERE (darse muerte libremente). Desde comienzos de la historia romana el suicidio se rechaza, ya que se creía que los suicidas se convertían en LARVAE (espíritus malignos que vagan errantes atemorizando a los vivos).
Se consideraba el suicidio por ahorcamiento como la más vergonzosa de las muertes, ya que había formas más honorables de morir como es el uso de la espada, que se reservaba a la aristocracia. El derecho pontifical consideraba SACER (maldito) el árbol del ahorcado y que quien decidiese ahorcarse debía carecer de sepultura. Se creía que había que morir estando en contacto con la Madre Tierra. El ahorcamiento y la crucifixión se equiparaban por eso mismo.
En el siglo I, el suicidio comienza a ser asimilado a la muerte natural. Los bienes de los suicidas ya no se confiscan sino que pueden ser heredados. Para que cambie esta concepción es muy importante la influencia del estoicismo. Se estipula quien puede recurrir al suicidio y quien no, y se empiezan a tener en cuenta los motivos de los suicidas. El TAEDIUM VITTAE, el aburrimiento de la vida, era una causa moral que justifica el suicidio de la clase alta.
En los Infiernos hay un lugar reservado para quien decidiese optar por el suicidio, que recuerda mucho al purgatorio cristiano. Ya no estaban en el Tártaro sufriendo diversas torturas sino que se les traslada a un lugar neutro.
El suicidio se justifica para la élite social, ya que siempre recurría a la espada (que no debe ser usada por la mujer, que tenía que buscar otros métodos). Se sigue prohibiendo el suicidio a los esclavos, puesto que supondría pérdida material. A los soldados también se los prohíbe en su SACRAMENTUM, ya que su vida no les pertenece.
6) El Más Allá:
Según la posición social hay diferentes posturas ante la muerte. Se debe mantener un distanciamiento entre el vivo y la muerte, que debe primar sobre el sentimiento de dolor. Se rechaza la manifestación del dolor, debiéndose evitar. Por ello, la clase alta contrata a las PRAEFICAE, unas plañideras especialistas en las demostraciones de duelo, y que se indignaban con los dioses porque se han llevado a uno de los suyos.
Se tiene la idea de los Infiernos como el lugar de destino de las almas. Los romanos tomaron de los griegos la idea del Hades. El Infierno griego se encontraba muy bien descrito en los poemas homéricos. Es un Hades terrible, porque el alma vive eternamente en un estado de languidez y de monotonía. No había ningún tipo de esperanza. Por ello, aumentaron los cultos mistéricos que les prometía a sus adeptos otro tipo de Mas Allá.
El Hades cambió ante la influencia del orfismo. Introduce la idea del castigo y la recompensa, que antes no existía. Los pecadores sufrirían castigos mientras que los buenos obtendrían una serie de recompensas.
Virgilio recoge la idea de que la entrada a los Infiernos se encuentra en el Lago Averno, en Cumas. Describió, además, el Hades en su “Eneida”. Aquí nos menciona la Laguna Estigia, que es surcada por el barquero Caronte, quien traslada las almas de una orilla a otra. No pueden pasar los INSEPULTI, es decir, quienes no tienen el cuerpo en una sepultura. Por ello, es sumamente importante conservar el cuerpo y que haya exequias fúnebres. Cuando se llegaba a la otra orilla, el camino se dividía: los buenos iban a los Campos Elíseos y los malos al Tártaro. En los Campos Elíseos, los buenos solo retozan en la hierba.
En Roma, junto al Hades Infernal aparece un Hades Celeste, ubicado en el cielo. Era una alternativa al primero. Apareció por influencia del pitagorismo, con el que entran en contacto tras la conquista con Tarento. Era un sistema filosófico basado en la astronomía, que consideraba que el alma humana se encontraba vinculada con los astros. Localizan el Hades cerca de la luna, y era un lugar reservado a los justos. La idea del Hades Celeste se encontraba favorecido por ciertos elementos: la tradición de los catasterismos (consiste en la transformación del alma en un astro), y la apoteosis (CONSECRATIO), que consiste en la ascensión del emperador a los cielos. No todos los emperadores subían, sino que era el Senado quien declaraba la CONSECRATIO. El emperador se colocaba sobre una pira y en el momento en el que comenzaba a arder, alguien abría una jaula con un águila que se creía llevaba el alma al cielo.
La mayor parte de la población prefería la idea tradicional del Hades terrestre, mientras que las clases altas y cultivadas escogían el Hades Celeste.
Dentro del imaginario funerario de Roma no hay un pensamiento único, como se ha podido comprobar.
7) Negación del Mas Allá:
Eran muchos quienes no creían en el Hades y eran vistos como auténticos enemigos dentro de la sociedad. La negación del Mas Allá estaba influida por los epicúreos, que pensaban que el alma estaba compuesta de átomos que se diluían en el éter. Las ideas de Epicuro se difundieron de forma muy rápida por Roma. La muerte se presentaba como una noche larga sin ninguna posibilidad. Por ello se tenía la idea de disfrutar el presente ya que después no habría nada más.
Esta idea tan crítica suele reflejarse en el arte. Se recogen escenas en las que se representa la muerte como una interrupción brusca de la vida con la idea de que es el final.
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